La última batalla

Después de casi 80 años que los aparatos de televisión dominaron el centro de la sala, la atención se está desviando hacia otro tipo de tecnologías en el hogar. Mayor interactividad, mayor ancho de banda disponible, el desarrollo contínuo de la nanotecnología, las nuevas pantallas, la irrupción de nuevos dispositivos móviles, nuevas aplicaciones están afectando de manera irreversible cómo se consume e interactúa con los contenidos multimediales. Estos cambios de hábitos afectan no solo de manera individual sino que surgen comportamientos sociales que impactan directamente a toda la cadena de valor del negocio de la TV. Es imposible saber a ciencia cierta en qué derivará en los próximos años, pero sí podemos vislumbrar que será diferente a todo lo conocido hasta el momento.

Una gran parte de los consumidores está tomando mayor control de cómo usan los medios, los contenidos y el entretenimiento. Lo que antes se focalizaba en una 'parrilla de programación de TV' hoy es suplantado por el 'todo a demanda'. Así cada vez más usuarios empiezan a desear ver lo que quieren, donde quieren y en el momento que quieren. Esto no significa que los servicios tradicionales de TV desaparecerán de inmediato, sin embargo sus modelos de costes asociados deberán ser revisados para asegurar su rentabilidad futura. Por ejemplo, ¿es necesario contratar tantos canales cuando la mayoría de nosotros vemos solo unos pocos?

Tanto los productores de contenido como los proveedores de servicios y los fabricantes de dispositivos buscan crear nuevas formas de distribución de canales de entretenimiento digital a la carta a través de Internet. Ahora que el vídeo está disponible 'on-line', la industria se pregunta si la programación de televisión futura será entregada principalmente a través de Internet, sin pasar por los actuales operadores tradicionales. En los EE UU hay empresas de contenidos como HBO (Time Warner) que mantienen su oferta a través de la TV de pago y otras llamadas OTT ( Over The Top) que lo hacen a través de Internet. Una de las diferencias entre ambas propuestas es que mientras que las primeras llegan básicamente con sus contenidos al aparato de TV del hogar, las OTT llegan al televisor y a los dispositivos que se conectan  a Internet.

Ejemplo de estos últimos lo constituye los nuevos negocios de servicios de vídeo a  demanda de Netflix, Apple y Amazon cuyos avances están brindando un entretenimiento para el hogar más accesible y de mayor calidad y que cubren el espacio dejado por la retirada de las populares tiendas de alquiler de vídeo, Nos queda en la memoria Blockbuster, el líder indiscutido en su momento y que terminó en un proceso de bancarrota en 2011. Y para completar este duelo de gigantes, en estos días se especula con que la misma Google ponga a uno de sus iconos,  You Tube, en la lucha. Lo que muchos creen es que saldrá ganador de esta batalla aquél que cuente con mayores recursos financieros para ofrecer los mejores contenidos a mejor precio desde múltiples dispositivos. Las espadas en la industria del vídeo están en alto; lo curioso es que esta batalla se está librando en el salón de nuestras casas.

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