Tecnología versus cansancio del conductor

El cansancio es una de las causas  más importantes de accidentes. Según un estudio de la Fundación CEA, un 59,22% de los conductores españoles ha sufrido micro-sueños mientras conducía y un 71,65% de los encuestados ha sentido somnolencia al volante. Tras 17 horas despierto y en actividad, los reflejos de un conductor disminuyen como si tuviese 0,5 gramos de alcohol en sangre.

Si bien es el conductor el primer responsable de tomar el volante descansado y de detenerse cuando detecta síntomas de fatiga, los fabricantes también incorporan tecnologías para avisar sobre esta situación. Así el uso de sistemas capaces de reconocer si un conductor está cansado o distraído mejora la seguridad. Buen ejemplo de ello son las tecnologías que detectan qué está mirando el conductor o si tiene los ojos cerrados.

«Esto ayudará al conductor a tener más confianza en su vehículo y a saber que su tecnología le ayudará cuando lo necesite», explica Per Landfors, ingeniero de Volvo Cars y responsable del proyecto de funciones de ayuda al conductor.
Colocando en el panel de instrumentos un sensor que supervise aspectos tales como la dirección hacia la que mira el conductor, el grado de apertura de sus ojos o la posición y ángulo de su cabeza, se pueden desarrollar sistemas de precisión capaces de detectar el estado del conductor y ajustar el vehículo en función de estos datos. Esto también significa que el vehículo no se saldrá del carril ni se acercará demasiado al vehículo de delante cuando el conductor no está prestando la debida atención; el sistema podrá además alertar al conductor si se está quedando dormido.

«El hecho de que el vehículo sea capaz de detectar si el conductor está prestando o no la debida atención permite a los sistemas de seguridad trabajar con mayor eficacia. Por ejemplo, los sistemas de ayuda del vehículo pueden activarse antes si el conductor está distraído, o más tarde si está concentrado», explica Per Landfors.

Algunos de los sistemas actuales que pueden incluirse son: el sistema de Advertencia de cambio de carril, la Advertencia de colisión con freno automático y el Control de velocidad constante adaptativo con Ayuda en atascos.
Esta tecnología se basa en un sensor montado en el panel de instrumentos, delante del conductor. Pequeños LED iluminan al conductor con luz infrarroja que después es supervisada por el sensor. Esta luz infrarroja queda fuera del umbral de percepción del ojo humano, lo que significa que la persona que está al volante ni siquiera la nota.

Los sensores del conductor abren además la puerta a otras posibilidades: al supervisar los movimientos de los ojos, el vehículo puede ajustar tanto la iluminación interior como la exterior para seguir la dirección hacia la que está mirando el conductor. También podría ajustar el asiento, por ejemplo, al reconocer a la persona que se sienta al volante.

«El sensor podría medir entre distintos puntos del rostro para identificar al conductor, por ejemplo. Sin embargo, es importante recordar que el vehículo no guarda ninguna imagen ni tiene una función de vigilancia del conductor», aclara Per Landfors.

El análisis del estado del conductor —lo que se conoce como «Estimación del estado del conductor»—, en el que los sensores juegan un importante papel, es un campo que puede ser clave en los vehículos autónomos del futuro. El vehículo necesitará poder determinar por sí solo si el conductor es capaz de tomar el control cuando desaparecen las condiciones para la conducción autónoma. Un sensor de conductor puede ser muy útil para ello.

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