De vuelta en El Delorean

Imagínense por un momento que nunca han oído hablar de una palabra llamada cine. Trasládense con la imaginación al Boulevard de los Capuchinos a finales del siglo XIX en París. Hace frío, unos desconocidos hermanos llamados Auguste y Antoine Lumiere les invitan a ver la realidad encarcelada por el objetivo de una cámara. Toman asiento intrigados en una de las mesitas y expectantes, beben café mientras los dos hermanos hablan de un nuevo invento: el cinematógrafo.

Usted sonríe incrédulo ante lo que escucha de sus bocas y piensa por dentro: «otra artimaña comercial sin futuro». Deja la tacita y de repente apagan la luz. Proyectada en una gran pantalla blanca, ve con sus propios ojos la imagen real de un tren acercándose a toda velocidad hasta su sitio... Como poco se le atraganta la bebida, se queda encandilado ante tal espectáculo y sonríe por dentro pensando en el ridículo que hubiera hecho si se levanta huyendo despavorido de esa máquina infernal. Algo similar les debió ocurrir a aquellas primeras personas que acudieron en el día de los inocentes de 1898 en el Salon indieun du Grand Café de París. Ese fue el origen.

El cine es pasión, arte, imaginación pero también ciencia y tecnología. La crisis actual obliga a ser diferente del resto, a innovar, los grandes estudios apuestan claramente por la ciencia. Contratan empresas y grupos científicos que estudian nuevas posibilidades y nuevos recursos audiovisuales, nuevas maneras de contar lo mismo adaptado a los tiempos actuales.

Qué lejos queda aquella demostración que el fotógrafo Eadweard Muybridge hizo para demostrar que existe un momento en el galope de un caballo en el que no posa los cuatro cascos sobre el suelo. Dieciséis fotografías después terminó su 'caballo en movimiento', pionero del cine fue en 1872.

O qué me dicen de la primera película en color de 1899 conseguida gracias a un proyector y a unos filtros especiales precursora del Technicolor, inicio efectivo del color en el cine con dos peliculones 'El Mago de Oz' y 'Lo que el viento se llevó' ambas de 1939. Pasmados se debieron de quedar también el 6 de octubre de 1927 los cientos de personas que abarrotaban los cines para visionar 'El cantor de Jazz' que utilizando el sistema Vitaphone consiguieron por primera vez escuchar a sus actores preferidos.

Hoy por hoy no se entiende el cine sin el 'Chroma Key', esos telones verdes o azules que permiten interponer otros fondos a la imagen. Lawrence Butler y Jack Whitney lo utilizaron en El Ladrón de Bagdad de 1940 con un genio que intentaba escapar de una botella. No me puedo olvidar de una empresa que ha sabido aplicar perfectamente la ciencia al séptimo arte, fue la fundada por George Lucas en 1975 Industrial Light & Magic (ILM), para crear los efectos especiales de Star Wars y cientos de avances más. Seguro que dentro de poco nos pasará como a Marty McFly en Regreso al Futuro y alguien frente a la pantalla de un cine nos enseñe un nuevo avance tecnológico y nos diga «supongo que aún no estáis preparados para esto, pero les encantará a vuestros hijos...».

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