Control aeropuerto

Los aeropuertos refuerzan la seguridad esta primavera.

Ante el panorama internacional en el que vivimos, la seguridad aérea se ha visto reforzada a nivel global. Esto va a traer cambios significativos, en materia de seguridad, en los aeropuertos españoles, que estamos empezando a ver desde esta primavera. Te hablamos de ellos.

Cuenta la web de la CNN que los atentados del 11S contra las Torres Gemelas de Nueva York en el 2001, cambiaron para siempre la forma en la que viajamos en avión. Como recordamos, tres vuelos diferentes, que partían de tres aeropuertos norteamericanos distintos, fueron secuestrados por terroristas y estamparon las aeronaves contra las Torres Gemelas y contra el edificio del Pentágono en Washington. Aunque ya se habían sufrido antes ataques terroristas en aviones, aquel suceso puso de manifiesto la vulnerabilidad del sistema aéreo.

Hasta ese momento, cualquier viajero, podía llegar al aeropuerto 20 minutos antes de la salida de su vuelo y embarcar sin problemas. Su acompañante, podía acceder a las inmediaciones del punto de control de seguridad y despedirse de él.

Hoy, para entrar a cualquier vuelo, incluso nacional, hay que pasar por estrictos controles de seguridad, monitorizados por detectores de metal y escáner de rayos X. Algunos de estos controles, ni siquiera somos conscientes de que se efectúan, ya que el equipaje que se embarca en bodega, también es objeto de monitorización digital.

Para los viajes internacionales, la entrega del pasaporte se complementa con la recogida de señales biométricas como las huellas digitales o el contorno facial.

Estas y otras medidas son habituales desde hace 25 años, pero digamos que se refuerzan en periodos de mayor tránsito aéreo, como las temporadas de vacaciones, y cuando la situación internacional lo sugiere.

Estamos ante una situación de este tipo. Se prevé que este verano en España vamos a batir récord de turistas. Nuestro país se ha convertido en un destino refugio para el turismo internacional debido a las guerras que hay en el planeta.

Un panorama internacional convulso.

En estos momentos, Europa, y el mundo occidental, está flanqueada por una serie de conflictos bélicos que parece que no terminan. Por un lado, la guerra de Ucrania, que lleva ya 4 años. En Gaza, pese a contar con un alto el fuego formal, la situación no se ha conseguido estabilizar. El gobierno de Israel impide la entrada de ayuda humanitaria a la franja y cada día mueren cientos de palestinos en una región completamente destruida.

A eso hay que añadir la guerra en Irán, que se ha extendido a todo Oriente Medio. La guerra la inició EE.UU. bombardeando Teherán, pero aunque ellos no lo habían incitado, el país de los ayatolas llevaba 20 años preparándose para enfrentar un conflicto de estas características. Esto quiere decir, que Irán no tiene miedo de que sea una guerra prolongada.

El gobierno teocrático de la República Islámica de Irán tiene fama de apoyar y financiar grupos terroristas internacionales, como Hamás en Palestina y las milicias de Hezbolá en el Líbano. Grupos, que en un momento dado, pueden efectuar atentados terroristas internacionales en países que apoyen a Israel y/o a EE.UU.

La política internacional de la administración Trump no ayuda en este aspecto. Trump se ha convertido en un elemento impredecible y distorsionador para la paz mundial. Como ya ha demostrado en Caracas y Teherán, en cualquier momento puede bombardear un país sin previo aviso.

Esta situación está convirtiendo al mundo en un gran polvorín que puede explotar en cualquier sitio, en el momento menos pensado. Desde los años 70 y 80, en plena Guerra Fría, el mundo no había vivido una situación tan tensa como la actual.

Europa se protege contra el terrorismo. 

El periódico Estrella Digital señala que este 2026 la Unión Europea está reforzando su seguridad frente al terrorismo, los ciberataques, los drones y el tráfico de armas, para anticiparse a posibles riesgos emergentes. La seguridad ha pasado a convertirse en una de las principales preocupaciones de Europa, y uno de los puntos a reforzar son los aeropuertos.

No queremos ser alarmistas, pero uno de los objetivos claves para los terroristas son estas instalaciones. En septiembre del 2026, varios aeropuertos europeos sufrieron un ciberataque que produjo el retraso y cancelación de decenas de vuelos y el bloqueo de la facturación y el embarque. Una de las primeras líneas de investigación que adoptó la Interpol fue la de estudiar la posibilidad de un ataque terrorista.

En el panorama actual, los controles en los aeropuertos se están intensificando. Un ciudadano normal puede pensar: “¿Cómo puede afectarme esto a mí?”. Los atentados del 11S pusieron de manifiesto que cualquiera puede ser sospechoso. Los terroristas que secuestraron los aviones que impactaron contra las Torres Gemelas pasaron sin problemas los controles de seguridad. Todos ellos tenían la documentación en regla. Esto quiere decir, que si se cuelan elementos de este tipo con los medios de control habituales, es necesario reforzarlos para todos.

El tráfico aéreo es hoy en día el principal medio de desplazamiento de personas a nivel internacional. Un tráfico, que en determinadas temporadas del año, como los periodos vacacionales, experimenta picos de subida. Es el momento en el que más personas se desplazan. La época adecuada para pasar desapercibido. Igual que más turistas viajan en avión en esas fechas, también lo hacen personas que cometen o piensan cometer acciones ilegales o criminales.

Cambios sustanciales.   

Desde el 10 de abril del 2026 se ha vuelto obligatorio el sistema de entrada/salida EES en todos los aeropuertos de la Unión Europea. Todo ciudadano extracomunitario que viaje en avión debe pasar por puntos de control donde se registran las huellas digitales, el reconocimiento facial y se escanean los pasaportes. Este sistema sustituye el sellado físico del pasaporte.

Los aeropuertos están utilizando escáneres más potentes, con tecnología C.T. para detectar, controlar y retirar líquidos, aerosoles y sustancias restringidas que se transportan tanto en los equipajes de mano como en las maletas que se transportan en bodega. Un proceso que se está aplicando de manera gradual, y que ha comenzado ya con los aeropuertos que más tráfico aéreo registran. Si bien se espera generalizarlo en un par de años en todos los aeropuertos europeos.

La vigilancia de las baterías de los dispositivos electrónicos también se ha reforzado. Desde principios del 2026 está prohibido introducir baterías recargables en las maletas que viajan en bodega. Deben transportarse en el equipaje que viaja en cabina, y puede ser retirado por los agentes de seguridad si aprecian cualquier detalle sospechoso.

Si bien, estas medidas la Comisión Europea las considera necesarias, ya están despertando cierto recelo y voces críticas entre el personal aeroportuario. Algunos aeropuertos españoles sugieren una subida de tasas para poder sufragar la inversión que requiere la actualización de los equipos.

Por otro lado, la IATA (Autoridad Internacional Aérea) ha advertido de posibles colapsos, graves interrupciones y un cierto caos logístico que se puede agravar en las épocas de mayor tránsito aéreo, como los meses de verano, a consecuencia de la aplicación de estas medidas. El organismo internacional recomienda una mayor flexibilidad a la hora de aplicarla en temporada alta. Una posición que ha abierto un debate con la Comisión Europea que está empeñada en instaurarlas a cualquier coste con la mayor brevedad posible.

La seguridad en los aeropuertos.   

Como señalan los profesores de Facilities Airport, una academia y consultoría de seguridad aérea, que desde hace años se dedica a preparar agentes de seguridad aeroportuaria, la seguridad en los aeropuertos es diferente a la que se realiza en cualquier otro tipo de edificio o instalación. Los trabajadores de seguridad deben pasar el curso AVSEC (Aviation Security) que solo puede ser impartido por centros acreditados por AESA (Agencia Estatal de Seguridad Aérea).

Una de las características de este curso es que se adapta a las tareas concretas que va a realizar el agente en su puesto de trabajo. Ya que la seguridad en el aeropuerto es bastante compleja y abarca diferentes áreas, desde el control a zonas restringidas de seguridad, hasta la monitorización de equipajes que viajan en bodega.

Un agente de AVSEC puede trabajar en los controles de seguridad, por los que deben pasar los viajeros antes de acceder a las puertas de embarque, puede realizar verificaciones en los aviones, para comprobar que los dispositivos de seguridad están operativos antes de producirse el embarque de los pasajeros o puede revisar que la carga aérea cumple todas las medidas de seguridad antes de ser embarcada.

Los aeropuertos, como las universidades, son organismos autónomos. Tienen sus propios órganos de dirección y gestión; y sus propios sistemas de seguridad y de atención a emergencias. Esto no quiere decir ‘que dentro de los aeropuertos no haya agentes de los cuerpos de seguridad de Estado. Los aeropuertos son puntos fronterizos. Tienen su propia aduana. De cuya gestión se encarga la Guardia Civil y la autoridad aduanera.

Por razones de seguridad pública, la policía nacional también opera dentro del aeropuerto. En ambas situaciones, se da en una relación de cooperación y coordinación con los agentes de seguridad AVSEC. En última instancia, de la seguridad en el aeropuerto se encarga su propio departamento de seguridad.

El crimen organizado en los aeropuertos.     

Como denuncia la revista digital Metrópoli Abierta, a los riesgos derivados de la situación geopolítica internacional, se le suma la delincuencia habitual, que en aeropuertos transitados como el de El Prat de Barcelona, suelen traer de cabeza a los agentes de seguridad.

Según cuenta José Manuel Jurado, responsable de comunicación de CCOO del Baix Llobregat, estos actos delictivos se producen en la zona Aire, la que se abre tras pasar el duty-free y conduce a las puertas de embarque, y son cometidos por bandas organizadas. Se trata por lo general de robos de equipajes, carteras y documentos importantes.

Los ladrones entran en la zona de manera individual. Con un billete de vuelo Low Cost. Tras haber pasado con éxito, como cualquier otro viajero, el consiguiente control de seguridad.

Trabajan en esta zona porque el área está menos vigilada. Hay menos presencia policial. De la seguridad en la zona se encarga el departamento de seguridad del aeropuerto. Por otro lado, tras pasar los controles, los pasajeros se encuentran más relajados. Se sientan en las salas de espera a que se abran las puertas de embarque o toman una consumición en alguna de las cafeterías de la zona mientras hacen tiempo o se recuperan de un viaje.

Últimamente, también se han denunciado robos dentro de los aviones. Según Jurado, la mayoría de los hurtos son producidos por bandas organizadas. Ya que se han descubierto modus operandi estandarizados, según la banda y una relación entre varios de los sospechosos detenidos.

También se aprecia un conocimiento perfecto de las instalaciones por parte de los delincuentes. Los cuales controlan las zonas menos vigiladas, las rutas de los agentes de seguridad y hasta los cambios de turno.

Se necesitan efectivos. 

La falta de personal de seguridad en los aeropuertos españoles es un problema estructural, que se evidencia, aún más, en temporadas de mayor afluencia de visitantes. Dos de los aeropuertos donde más se nota es el de Son Sant Joan en Mallorca y el aeropuerto de Ibiza.

En condiciones normales, el sindicato USO denuncia que harían falta por lo menos 50 empleados más en cada uno de los dos aeropuertos y 20 adicionales, de forma puntual en los picos de mayor entrada de viajeros.

El sindicato CSIF señala que los vigilantes del aeropuerto de Manises (Valencia) suelen estar sometidos a una sobrecarga de trabajo, ya que el número de viajeros al aeropuerto valenciano ha aumentado en los últimos años, pero no así, la cantidad de efectivos para garantizar su seguridad y la de las instalaciones.

Esta falta de efectivos tiene repercusiones directamente sobre el pasaje. Tanto es así, que se pueden producir colas que pueden llegar a provocar pérdidas en los vuelos. Como sucedió en marzo en un aeropuerto francés. En la que 190 pasajeros se quedaron en tierra.

De todos modos, los aeropuertos suelen invertir en contratar personal cualificado y en ampliar la plantilla. Por lo que estamos hablando de un sector donde continuamente están buscando nuevo personal.