Mi madre es mayor y vive sola. ¿Qué hago?

Tercera edad

Este es un dilema al que nos enfrentamos muchas personas. La solución a simple vista parece sencilla. La traigo a vivir conmigo a mi casa, contrato a alguien para que la cuide o la interno en una residencia de mayores. Sin embargo, cuando te enfrentas de verdad a esta situación, encontrar una opción satisfactoria es complicado.

El cuidado de nuestros mayores es una circunstancia familiar y también global. En España viven 10 millones de personas mayores de 65 años. Representan el 21% de la población total. El Instituto Nacional de Estadística (INE) lo define como una población envejecida. Un fenómeno que afecta a todo el territorio de la Unión Europea.

Entre el 2001 y el 2020, la proporción de personas mayores de 80 años casi se duplicó. En cambio, el porcentaje de personas menores de 14 años en toda la UE apenas alcanza el 15%. Dos fenómenos explican este proceso. El aumento de la esperanza de vida y el descenso de la natalidad. España y Europa caminan hacia una realidad social en la que cada vez va a haber más gente mayor y menos chicos jóvenes. Ante este panorama, nada halagüeño, la sociedad tiene la responsabilidad de cuidar de nuestros mayores. Nuestros padres, nuestros abuelos.

Metidos en faena, hay que tener en cuenta que las personas mayores son individuos autónomos. Con toda una vida a cuestas y con capacidad de decidir sobre sus propios asuntos. No son niños pequeños a los que se les puede llevar a cualquier sitio y terminan adaptándose a lo que venga. Debemos dejar que dirijan ellos mismos su vida, siempre que puedan hacerlo, y hacerles saber que cuentan con nuestro apoyo cuando lo necesiten.

Para dar solución a una persona mayor que vive sola, para hacerle la vida más fácil, tenemos distintas opciones y, desde mi punto de vista, cada una de ellas se corresponde con unas circunstancias determinadas.

La soledad en las personas mayores.    

Antes de entrar a ver las alternativas, propongo detenernos en esta cuestión. Un problema real que afecta a nuestros mayores. Según datos de la Fundación para el Conocimiento de la Comunidad de Madrid, 2,54 millones de personas mayores de 60 años viven solas en España. De ellas, 1,71 millones tienen más de 70 años. El porcentaje de personas que viven solas es mayor en mujeres que en hombres. Aproximadamente 1 de cada 3 mujeres mayores de 70 años vive sola en su casa.

En muchas ocasiones, la soledad es voluntaria. La propia persona decide por iniciativa propia continuar viviendo en su domicilio. Seguir con su rutina, gestionar sus asuntos. Esto no quiere decir que no tenga su lado amargo. Hay momentos en los que esa soledad les provoca tristeza. La necesidad de compañía está presente, aunque no desean tenerla todo el tiempo. Les restaría independencia.

Mi suegra, que vive sola, está deseando que llegue a su casa la chica que le ayuda a limpiar dos veces por semana para tomarse un café con ella. Mi madre, que también vive sola, pasa todas las mañanas colgada al teléfono, hablando con sus sobrinas y con algunas amigas. Dar con ella por las mañanas es toda una odisea.

En cambio, en otras personas, la soledad es una opción obligada. No han tenido otra alternativa. Esta soledad les pasa factura en el terreno físico y en el psicológico. Al vivir solas, desatienden su alimentación. No se esfuerzan en hacer la comida o comen cualquier cosa. Pueden ser menos rigurosas en seguir la medicación y pueden caer en estadios depresivos.

El mayor temor de una persona mayor que vive sola es no tener a alguien cerca si sufre algún accidente o le sobreviene un problema de salud.

Vivir en casa. 

Según una encuesta realizada por el IMSERSO, de la que se hace eco la revista Infogeriatría, el 87% de los mayores prefieren envejecer en su propia casa. Esta es una decisión completamente respetable.

Es lógico que una persona mayor quiera seguir viviendo en su domicilio. Con frecuencia es la vivienda en la que han pasado gran parte de su vida. Es un lugar cargado de recuerdos, que han construido a su gusto a lo largo del tiempo. Es la vivienda donde han vivido con su marido o con su mujer, donde han criado a sus hijos, donde han cuidado de sus nietos. Donde han forjado toda una serie de relaciones con los vecinos, con los amigos del barrio, donde han hecho sus compras y realizado sus gestiones. Sacarlas de ahí sería como extirparles su vida de cuajo.

Esta es una discusión que tengo a menudo con mis hermanos. Mi madre continúa viviendo en su casa en un pueblo de La Mancha. El pueblo en el que nos criamos. Por cuestiones de la vida, cada uno de nosotros ha terminado viviendo lejos de ahí. Yo en Barcelona y mis hermanos en Alicante. Desde que murió mi padre, mis hermanos están empeñados en que mi madre venda el piso y se marche a vivir cerca de ellos.

Por suerte, mi madre se mantiene firme en su decisión. Quiere seguir viviendo en su piso. Con casi 80 años tiene algunos achaques propios de la edad, nada preocupante. Su cabeza le rige bastante bien. Mi opinión personal es que, mientras pueda seguir llevando una vida independiente, que la lleve. Todo ello sin olvidarnos de ella, como es lógico. Visitándola cada cierto tiempo, y preocupándonos por sus cosas, que en este caso son las visitas rutinarias que hace al médico.

En esta situación, lo que tenemos que valorar los hijos es si la persona mayor puede valerse por sí misma y, si no es así, buscar alternativas.

Contratar a una trabajadora doméstica.

El tiempo que estuve viviendo en Mallorca tuve varias amigas y amigos que trabajaban cuidando personas mayores. Eran todos latinoamericanos y la mayor parte de ellos eran mujeres. Aunque también había algún hombre.

Hay señores mayores que viven solos que se sienten más cómodos si son atendidos por un varón. Se sienten cómodos ellos o las familias.

En la mayoría de los casos vivían como internos. Dormían en la casa de la persona que cuidaban. Tenían algunas horas libres al día, que aprovechaban para sus cosas y un día de descanso.

Algunas de estas cuidadoras estaban bastante bien preparadas. Tenían formación en enfermería, obtenida en sus países de origen, aunque en España no estaba convalidada; otras habían hecho cursos de auxiliar de geriatría y había quien tenía conocimientos de fisioterapia. El perfil de los cuidadores hoy en día está más especializado de lo que pensamos.

Estos cuidadores acompañan a la persona mayor durante gran parte del día. Por lo que el problema de la soledad desaparece. Van con ellos al médico, les hacen la compra, les hacen la comida, les ayudan en las tareas domésticas y les proporcionan asistencia sanitaria.

En muchas ocasiones, la relación que se establece entre el cuidador y la persona cuidada es bastante estrecha. Son como de su familia. No en vano, comparten el día a día con ellos.

En el caso de que los hijos nos inclinemos por esta opción para atender a nuestros padres, debemos tener en cuenta las referencias del candidato, mantener una entrevista de trabajo en profundidad y guiarnos a posteriori por la opinión de nuestro familiar.

Ayuda asistencia a domicilio. 

Si no queremos meter a nadie extraño en casa para que cuide de nuestro familiar porque tenemos algún reparo o, sencillamente, porque a la persona en cuestión no le apetece, debemos saber que muchos ayuntamientos tienen servicios de asistencia a personas dependientes que les ayudan a realizar actividades de la vida cotidiana. Como ir a la compra, organizar las comidas, tareas de higiene personal, etc.

El Ayuntamiento de Barcelona es uno de ellos, el cual ofrece este servicio por medio del SAD (Servicio de Ayuda a Domicilio). El Servicio de Ayuda a Domicilio ofrece asistencia a personas con autonomía limitada o en situación de vulnerabilidad para que puedan permanecer en su hogar con una adecuada calidad de vida.

A este servicio acceden personas con grado de dependencia reconocido por la Generalitat de Catalunya, así como aquellas en situación de riesgo social o vulnerabilidad temporal valoradas por los servicios sociales municipales.

Actualmente, el Instituto Municipal de Servicios Sociales promueve el SAD de proximidad, mediante las denominadas islas del SAD. Este modelo asigna un equipo profesional a un territorio específico, generalmente un barrio, garantizando una atención personalizada, flexible y coordinada con el entorno de cuidados, los servicios de salud y la comunidad local.

Esta asistencia se suele realizar dos o tres días por semana. Durante un horario determinado. No es una asistencia continua como la que ofrece un trabajador doméstico. Pero es gratis.

Cada ayuntamiento o comunidad autónoma tiene sus propios programas de asistencia a domicilio para personas mayores. Hemos puesto el ejemplo de Barcelona para que sirva de referencia. Si te interesa este servicio, lo que debes hacer es informarte en el ayuntamiento de tu localidad.

Traerlos a vivir con nosotros.

En otros tiempos, cuando los padres se hacían mayores, se iban a vivir a casa de una de sus hijas, o se repartían en periodos similares en la casa de cada uno de sus hijos. La situación social ha cambiado y no sé hasta qué punto esta alternativa es viable.

Antes había mujeres que trabajaban de amas de casa. Hoy, en todos los domicilios, los dos miembros de la pareja trabajan fuera. Llevamos un estilo de vida bastante frenético que a los padres les cuesta comprender. Traer a tu madre a vivir contigo lo bueno que tiene es que puedes verla todas las noches, y que puedes aprovechar los fines de semana para hacer alguna actividad con ella. Pero en los hechos, tu madre pasa la mayor parte del día sola, en una casa que no es la suya y, probablemente, en una ciudad que no controla.

Mis hermanos lo han intentado hacer con mi madre. Mi madre, toda contenta de que se la llevan sus hijos, de que se preocupan por ella. Pero cuando lleva una semana en la casa de alguno de mis hermanos, ya está deseando volverse a su casa.

Esto ya sucedía en los años 90. Tenía un amigo de Madrid que llevaba a su abuelo, que era del mismo pueblo que mis padres, a la ciudad, para que no estuviera solo. A los 15 días ya estaba deseando regresar al pueblo.

Ingresarla en una residencia.   

La residencia de mayores es la última opción. Recurrimos a ella cuando nuestro familiar no puede valerse por sí mismo y tiene problemas de salud que requieren una atención constante que no podríamos proporcionársela por nuestros propios medios. Ni aun contratando a una trabajadora doméstica.

En algunas circunstancias es la mejor opción. Para escoger una residencia de mayores, nos dicen los trabajadores de Nuestra Señora del Rosario, una residencia ubicada en el centro de Valladolid, con más de 25 años de experiencia, que es importante buscar que el mayor se desligue lo menos posible del entorno en el que ha vivido hasta entonces. De esta manera mantiene frescos sus recuerdos, los lazos con su vida anterior y facilita que pueda recibir visitas de amigos y familiares.

Me gusta esta filosofía. En pro de buscar lo mejor para él, no se puede hacer borrón y cuenta nueva. La vida, y más a esas edades, debe ser una continuación. La proximidad al lugar del que procede debe ser uno de los criterios que debemos barajar para escoger una residencia para nuestro familiar. Mejora su estado emocional.

El contacto con la familia. 

Con independencia de la opción que hayamos escogido para atender a nuestra madre que es mayor y vive sola, mantener el contacto con ella es fundamental. Es nuestra responsabilidad que el tiempo que le queda de vida lo viva en las mejores condiciones posibles.

Debemos preocuparnos por lo que le sucede, por lo que le preocupa, por su salud, por su día a día e ir a visitarla a la menor oportunidad que tengamos. Nuestro papel no es ejercer de padres, sino acompañarles y comprobar que están sanos y viven felices.

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