El cuerpo humano es fascinante. En todos los aspectos. Perfectamente capaz de crear por sí mismo la enfermedad y la cura, en determinados casos. Capaz de desarrollar anomalías que, sin ser necesariamente nocivas, resultan molestas. Una de esas anomalías es los quistes; hay de todo tipo y pueden salir prácticamente en cualquier parte del cuerpo. Desde la piel hasta los órganos vitales, son susceptibles de la aparición de una cavidad o bolsa de líquido que suponga alguna desavenencia.
En esta ocasión queremos hablar de un tipo de quiste en particular, el quiste o sinus pilonidal. También conocido como quiste sacro. Una cavidad que se forma en el tejido subcutáneo, justamente en la parte superior del pliegue que existe entre los glúteos. Este quiste se origina por la penetración de pelos en la zona, con lo que se forma una bolsa que contiene además líquido y piel. Se trata de una patología que, por norma general, no supone problemas; permanece asintomática y, salvo que se infecte, ahí puede quedarse. Suele aparecer en personas de entre quince y treinta y cinco años de edad, sobre todo en hombres.
El problema de este tipo de quistes se produce cuando se infecta debido a las bacterias que habitan por esa zona. En estos casos, el quiste puede supurar pus y formar un absceso, provocando los consiguientes problemas y molestias que pueden ir desde el dolor agudo hasta la fiebre. Todavía se debate si se trata de un problema de salud congénito o adquirido, aunque la realidad es que se producen más casos en personas que no lo traen consigo desde el nacimiento.
Son muchas las personas que pasan por la situación de sufrir un quiste pilonidal y su mayor preocupación es la de que vuelva a producirse, una vez que ha sido tratado y eliminado. Conocer las causas, los síntomas y los hábitos que hay que adoptar para evitar su reaparición es clave en el tratamiento del sinus pilonidal.
Causas, síntomas y consecuencias
Este quiste tan estratégicamente ubicado se produce a consecuencia de la penetración de pelos en el interior de la piel; se acumula en el tejido subcutáneo y se inflama. En CQ Calero & Manzano, expertos en cirugía, nos cuentan cuáles son las causas más habituales de que se produzca este tipo de quiste:
- Existencia de folículos pilosos grandes que penetran con facilidad en la piel.
- Traumatismos en la región del coxis que lo hacen más vulnerable.
- La realización de trabajos o ejercicios que requieren pasar mucho tiempo sentados.
- Sobrepeso
- Hirsutismo o exceso de vello en el coxis.
- Un pliegue marcado entre los glúteos.
Estos aspectos predisponen al desarrollo de un quiste, por lo que poco se puede hacer al respecto, salvo en el caso del sobrepeso y el sedentarismo, que se pueden abolir llevando una dieta equilibrada y realizando ejercicio.
Por lo general, estos quistes suelen ser asintomáticos salvo que se produzca infección, pero conocer los posibles síntomas que pueden presentar es indispensable para saber lo que se padece. Lo más típico es que se produzca un dolor en el coxis que se agudiza al sentarse. Se puede notar un bulto o inflamación visible, enrojecimiento y, en ocasiones, drenaje de pus o sangre. Si se produce fiebre o mal olor, lo más probable es que se haya producido una infección y se encuentre activa, por lo que toca visitar al especialista. Cuanto antes se actúe, mejor pronóstico y menor complicación.
Dentro de los factores de riesgo que predisponen a la aparición de los quistes pilonidales, existen algunos que se pueden controlar, aunque frente a otros poco se puede hacer, como la predisposición genética, el sexo o la edad. Pero sí sabemos lo que se puede cambiar para reducir los riesgos y vamos a contarlos.
Resulta bastante importante el peso corporal. El sobrepeso y la obesidad aumentan la presión que se produce en la zona del coxis, lo que favorece que los pelillos se incrusten y la piel se irrite con mayor facilidad, por lo que perder esos kilillos de más puede reducir la fricción y la consiguiente irritación.
Los hábitos y el estilo de vida pueden influir en la proliferación de este tipo de quiste. El sedentarismo, que implica pasar muchas horas sentado, y los microtraumas que se producen por la fricción en la hendidura interglútea aumentan el riesgo de padecer un sinus pilonidal. Así como el uso de ropa muy ceñida, los tejidos poco transpirables que favorecen el calor, la humedad y la maceración, facilitando que los pelos entren en la piel.
El tabaquismo es otro de esos hábitos poco saludables que conllevan una peor oxigenación tisular y mala cicatrización; junto con un mal control del azúcar, puede contribuir a las complicaciones locales y al aumento de la probabilidad de que se produzcan problemas cutáneos. En el caso de pasar por la cirugía, estos hábitos pueden hacer más difícil la cicatrización y hacer que vuelva a producirse infección.
La higiene local puede igualmente ayudar a que se produzca una infección. No es culpa de la higiene propiamente dicha, sino de la humedad persistente, el sudor y la maceración cutánea que se produce en el pliegue interglúteo. Una piel frágil o con pequeñas erosiones ejerce como puerta de entrada para esos pelillos sueltos.
Por supuesto que el vello corporal tampoco ayuda. Un vello denso en la zona sacra y los glúteos, unido a los pelos sueltos en el pliegue profundo, no hace otra cosa que incrementar el riesgo de que el pelo entre en la piel y se forme el quiste. La rápida repoblación del vello tras cortarlo o rasurarlo también puede contribuir.
Medidas de prevención
Una de las mayores preocupaciones para las personas que padecen este quiste y logran deshacerse de él es que vuelva a dar señales de vida. Razón de más para corregir unos hábitos y adquirir otros que ayuden a minimizar la posibilidad de que se produzca una recaída.
Lo principal es mantener una higiene adecuada. Mantener la zona afectada limpia y seca hace que disminuya la maceración y se produzca una segunda infección. Ducharse tras realizar ejercicio o sudar, secando bien el pliegue con una toalla suave o el aire del secador, es esencial. Utilizar ropa interior transpirable, fabricada con tejidos como el algodón, y cambiarla a diario reduce la humedad y dificulta que la piel se reblandezca o pueda infectarse con facilidad.
Como sabemos y ya hemos comentado, el tabaquismo hace que empeore la oxigenación de los tejidos y la cicatrización. Dentro del contexto del quiste pilonidal, esto se traduce en una mayor inflamación local, más infecciones y peor evolución tras la realización de la cirugía, lo que aumenta las probabilidades de que se produzcan nuevas infecciones.
Pasar las horas sentados, el roce continuo como se produce cuando se viaja en moto o se monta en bicicleta, las costuras de las ropas apretadas… hacen que se produzcan microtraumas en la hendidura interglútea, lo que, repetimos, facilita que los pelos se adentren en la piel, manteniendo la zona irritada y más vulnerable. Conviene evitar en la medida de lo posible pasar mucho tiempo sentado y priorizar el uso de tejidos transpirables.
Los expertos en este tipo de quistes aconsejan unas prácticas de depilación con las que se pueda reducir al máximo la presencia de vello en la zona. En este caso, no son válidas todas las opciones, por lo que hay que contemplar lo que vaya a ser más eficaz. El láser puede resultar útil si se trata de vello muy abundante, pero no se aconsejan los procedimientos que irriten o provoquen cortes como el uso de cuchilla o la cera, justo después de pasar por la cirugía o cuando la piel se encuentra inflamada.
Las opciones a corto plazo son el cortapelo eléctrico y las cremas depilatorias suaves, mejor que la cuchilla o la cera. La frecuencia se debe ajustar en función del crecimiento del vello.
Son muchos los pacientes que esperan a que el dolor resulte insoportable o la infección sea evidente, antes de acudir al médico. No es necesario llegar a ese punto. En el momento en el que se sienta dolor en el coxis al sentarse, se aprecien bultos, enrojecimiento, hinchazón, líquido o pus y, sobre todo, en el caso de que se produzca fiebre o mal olor, la visita al especialista no debe demorarse.
No siempre es necesario recurrir a la cirugía, pero es necesario hacer una evaluación para decidir el paso a dar. A veces es suficiente con recibir cuidados locales y controlar el quiste; en otras ocasiones es conveniente plantear la cirugía.
En cualquier caso, ante la duda, lo mejor es acudir al médico y conocer de primera mano las técnicas menos invasivas que pueden ser eficaces si se detecta de forma temprana. Lo más importante es actuar pronto. Quienes sientan dolor al sentarse, tengan un bulto, observen enrojecimiento o supuración, como ya hemos repetido, no tienen que dudar. Una visita a tiempo al especialista puede ayudar a eliminar el quiste y evitar que vuelva a producirse. Al final, es más simple de lo que parece y permite volver a la rutina, cambiando los hábitos menos saludables.
