Las intolerancias alimentarias más habituales.

Intolerancia a la lactosa

Las intolerancias alimentarias son un problema que afecta a multitud de personas y que en gran medida condiciona su vida, puesto que tienen que estar alerta de qué es lo que comen. Algunas personas, ni siquiera son conscientes de que las padecen. Te hablamos de las más habituales.

En primer lugar, hay que saber distinguir las intolerancias alimentarias de las alergias, ya que muchas veces las confundimos. La Agencia Catalana de Seguridad Alimentaria explica que en las alergias interviene el sistema inmunológico. Las defensas de nuestro cuerpo se equivocan e identifican determinado alimento como una amenaza para el organismo, y por tanto actúan intentando combatirlo. Las alergias a los alimentos suelen producir síntomas como erupciones cutáneas, tos, mareos, palpitaciones.

En las intolerancias alimentarias no interviene el sistema inmunológico. Sino que es nuestro aparato digestivo quien es incapaz de metabolizar determinados nutrientes. Puede ser porque no fabrica las suficientes enzimas para asimilarlo o por problemas de tránsito intestinal. Los síntomas de las intolerancias alimentarias están más relacionados con la digestión. Dolor abdominal, gases, diarreas, etc.

Las alergias suelen ser más peligrosas que las intolerancias. Basta con que el cuerpo descubra una traza de aquel alimento al que somos alérgicos para que se desencadene una reacción anafiláctica. Mientras que la reacción a la intolerancia viene determinada por la cantidad de producto que hemos consumido.

Por ejemplo, somos intolerantes a la fructosa, el azúcar de la fruta. Tomamos un refresco que tiene un porcentaje pequeño de zumo natural. Puede ser que beber ese zumo apenas nos provoque reacción. Mientras que si nos tomamos una pieza de fruta, esta termina causándonos cólicos y diarreas.

También es conveniente saber distinguir las intolerancias alimentarias de otras enfermedades relacionadas con ciertos alimentos, como la enfermedad celíaca. De esto y otras cosas más, te vamos a hablar en este artículo.

Algunos síntomas que pasan desapercibidos.  

Los síntomas más habituales de la intolerancia alimentaria son el dolor de barriga, la diarrea y la acumulación de gases. Sin embargo, como nos cuentan los farmacéuticos de la Farmacia Ramón Ventura, una farmacia ubicada en el barrio barcelonés de Nou Barris, que realiza el test de intolerancia alimentaria para 15 intolerancias distintas, es probable que algunos alimentos nos provoquen dolor de cabeza, picores, cansancio, que nos hagan engordar y que no seamos conscientes de que su ingesta es la causa de estos problemas.

Esto sucede porque nuestro organismo está interconectado. También se puede dar el caso de que una persona sea intolerante a varios alimentos al mismo tiempo.

Una de las ventajas de los test de intolerancia alimentaria modernos es que el resultado se puede conocer en solo 15 minutos. Tenerlo en cuenta es fundamental para controlar nuestra alimentación. Para eliminar estos alimentos de nuestra dieta y buscar sustitutos cuando proceda, en la medida de lo posible.

Existen diferentes tipos de test de intolerancia alimentaria, pero uno de los más utilizados, según el blog de la aseguradora Aegón, es el test de aliento. Tras beber un preparado líquido, el paciente sopla en un aparato que mide los gases presentes en la exhalación, en especial la cantidad de hidrógeno y metano, que expresa la capacidad de asimilación de algunos nutrientes que estaban presentes en bajas cantidades en el preparado que acabábamos de beber. Con este test se percibe la intolerancia a la lactosa, a la fructosa, al sorbitol y algunas de las intolerancias más comunes.

El análisis de sangre es otro de los medios más fiables que tenemos para detectar una intolerancia alimentaria.

La intolerancia a la lactosa.

Una de las intolerancias alimentarias más extendidas es la intolerancia a la lactosa, un tipo de azúcar presente en la leche. Se debe, como explica la página web de divulgación médica Medline Plus, a que nuestro intestino delgado produce poca o ninguna lactasa. Una enzima que descompone la lactosa de la leche para poder asimilarla.

Las causas de esta insuficiencia son múltiples y variadas. Entre ellas encontramos un condicionante genético. Esta afección es común en adultos de origen asiático, africano, nativos americanos y en caucásicos del sur de Europa, mientras que es menos frecuente en el norte del continente europeo.

En cada una de estas razas se manifiesta de una manera diferente. Así, por ejemplo, entre las personas caucásicas, a partir de los 5 años de edad se puede dar el caso de que una persona deje de producir lactasa. En la población afroamericana, este problema se suele adelantar a los dos años de edad.

Haber pasado por una cirugía o haber sufrido alguna infección o enfermedad que afecte al intestino delgado, incluida la enfermedad celíaca, puede acarrear que aparezca esta intolerancia. También se puede dar en niños prematuros.

Los síntomas más habituales de la intolerancia a la lactosa son la distensión abdominal, los cólicos frecuentes, la diarrea, la flatulencia y las náuseas. Como sucede con otras intolerancias, hay diferentes grados, por lo que estos síntomas no se manifiestan igual en todos los afectados.

La intolerancia al gluten.  

El gluten es una proteína que se encuentra en grandes cantidades en el trigo, en el centeno y en la cebada; pero también podemos encontrarla en multitud de alimentos, medicamentos y complementos alimentarios. Ya de por sí, nos dice Medline Plus,es difícil de asimilar, pero para algunas personas les resulta imposible.

La sensibilidad al gluten no celíaca, o intolerancia al gluten, suele ocasionar molestias digestivas como dolor abdominal, gases, diarrea, estreñimiento, pero también puede provocar fatiga general, dolor de cabeza, dolor en las articulaciones, salpullidos en la piel. Se puede confundir con la enfermedad celíaca por algunos de sus síntomas, pero hay que partir de que la enfermedad celíaca es más grave y agresiva. Sobre este asunto profundizaremos más adelante.

La sensibilidad al gluten es un tema que aún se está investigando. Queda mucho por aprender sobre esta intolerancia alimentaria. No se conoce con exactitud por qué se produce. Lo que sí se sabe, de una manera empírica, es que eliminando el gluten de la dieta se hace desaparecer.

Se pueden hacer un test para detectar la intolerancia al gluten, pero siempre hay que descartar que la persona padezca la enfermedad celíaca. Algo que se diagnostica tras un análisis de sangre o una biopsia del intestino delgado. Conocer esta información es crucial, ya que la situación del afectado cambia cualitativamente.

Enfermedad celíaca, intolerancia y alergia al gluten.

La Federación de Asociaciones de Celíacos de España (FECA) afirma que la enfermedad celíaca no es una intolerancia. Es importante diferenciarla de la sensibilidad al gluten no celíaca, que se trata de un trastorno digestivo, relacionado posiblemente con la falta de enzimas necesarias para procesar esta proteína.

La enfermedad celíaca no está relacionada solo con el aparato digestivo. Es una enfermedad multisistémica (afecta a varios aparatos del cuerpo humano) y es de carácter autoinmune. Cuando el enfermo consume gluten, se activa una respuesta del sistema inmunológico que destruye las vellosidades del intestino delgado. Esta es una de las grandes diferencias con la intolerancia al gluten, que no daña este órgano.

Aunque, como hemos dicho antes, los síntomas se pueden confundir, la respuesta del cuerpo ante una intolerancia es proporcional a la cantidad de proteína que hayamos ingerido. Mientras que con la enfermedad celíaca, una mínima cantidad de gluten, por minúscula que sea, ya desencadena una reacción dañina de grandes proporciones. La enfermedad celíaca está a su vez relacionada con la osteoporosis, la artritis y el daño hepático, cosa que no sucede con la intolerancia.

A otro nivel tenemos la alergia al gluten. Que provoca síntomas diferentes como picor en los ojos y problemas al respirar. Tampoco daña al intestino delgado. Los síntomas aparecen con independencia de la cantidad de gluten que se haya ingerido, y persisten mientras la proteína continúa dentro del cuerpo, hasta que ha sido asimilada o eliminada.

El gluten puede provocar diferentes trastornos y enfermedades. De ahí la preocupación general que se está despertando frente a su consumo. Saber separar la enfermedad celíaca del resto de trastornos y conocer la reacción concreta que despierta en nuestro organismo es clave para tratarla adecuadamente.

La intolerancia a la fructosa.

La fructosa es un tipo de azúcar natural que está presente en una gran cantidad de frutas, verduras y en alimentos como la miel. A diferencia del azúcar procesado, que llega a nuestro cuerpo de manera directa, el organismo debe descomponerla y aislarla para poder asimilarla. Es decir, la fructosa se asimila al final del proceso digestivo.

Cuenta la página web Cinfa Salud que, en realidad, la intolerancia a la lactosa es una mala absorción de este azúcar. Al no ser absorbido correctamente, provoca diarreas. También puede ser que una parte de esta fructosa no absorbida se desplace hasta el intestino grueso, donde va a generar una fermentación de las bacterias que se encuentran en la microbiota intestinal. Provocando hinchazón intestinal, gases y flatulencia. La intolerancia a la fructosa suele ocasionar dolores abdominales, parecidos a los cólicos, que suelen durar unos 30 minutos y que tienden a aparecer entre 3 y 4 horas después de las comidas.

Aunque es más raro, también se pueden dar casos de afectados que padezcan dolores de cabeza, náuseas, vómitos y el empeoramiento de un estreñimiento previo, debido a la concentración de metano que se produce en el intestino grueso como consecuencia de la fermentación.

A grandes rasgos, hay dos tipos de intolerancia a la fructosa. Una intolerancia primaria, que es de tipo genético, y que se va desarrollando a lo largo de la vida del afectado; y una intolerancia secundaria o adquirida, que suele provenir de alguna inflamación intestinal, como una gastroenteritis, y que suele ser pasajera, aunque puede convertirse en permanente.

Intolerancia al sorbitol. 

Parecida a la intolerancia a la fructosa es la intolerancia al sorbitol. Un edulcorante natural, que tiene una fuerte presencia en la industria alimentaria. El sorbitol está presente de manera natural en algunas frutas como las manzanas, las peras, las ciruelas, los melocotones, el membrillo, etc. Es la forma química en la que se presenta la fructosa en estas frutas en concreto.

Su uso en la industria alimentaria es frecuente, ya que ayuda a mantener la humedad de los alimentos. Actuando como un conservante que mantiene la frescura y la textura de las comidas preparadas. Es tan habitual su uso que no es extraño que lo encontremos en una gran cantidad de dulces de pastelería, en bollería industrial, en caramelos y chuches,  y hasta en alimentos ultraprocesados.

Con la intolerancia al sorbitol sucede algo parecido a lo que pasa con la intolerancia a la fructosa. El cuerpo no absorbe bien este azúcar y este se va a desplazar hasta el intestino grueso, donde va a producir una fermentación que va a generar hidrógeno, dióxido de carbono y metano.

Los síntomas más habituales de la intolerancia al sorbitol son la hinchazón abdominal, los retortijones, la acumulación de gases y diarreas.

Cuenta la página web Nutriendo que la causa más habitual de intolerancia al sorbitol se basa en el consumo excesivo de dulces endulzados con este edulcorante. Al tomar mucho sorbitol, sobre todo de uso industrial, los mecanismos relacionados con la absorción intestinal se saturan y llega un momento en el que el intestino tiene dificultades para absorber este azúcar.

Aparte de las que hemos visto, existen más tipos de intolerancias alimentarias, como la intolerancia a la histamina, una sustancia química presente en quesos curados, embutidos y conservas, o la intolerancia a la sacarosa, otro tipo de azúcar, pero digamos que estas son las más habituales.

Cuando tenemos sospechas de padecer alguna intolerancia alimentaria, una de las cosas que debemos hacer es someternos a estudio, practicar algún test. Es importante descubrir cuáles son los alimentos concretos a los que somos intolerantes.

Eliminarlos de nuestra dieta es importante para eliminar esos síntomas dañinos, pero debemos hacerlo bajo supervisión profesional. Estamos viendo que, al eliminar estos nutrientes, estamos expulsando de nuestra dieta alimentos fundamentales como la leche, algunos tipos de fruta, algunos cereales. Debemos sustituir las vitaminas, minerales e hidratos de carbono que dejarán de proporcionarnos estas comidas con otros productos sustitutivos. Es crucial que, al intentar combatir la intolerancia alimentaria, no caigamos en algún tipo de desnutrición.

 

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