El mundo laboral ha evolucionado en la misma medida que ha evolucionado la forma en la que accedemos al mismo y nos movemos por él. Es decir, la forma en la que trabajamos ha cambiado de forma drástica en la última década. El auge que vive el trabajo en remoto, el aumento del emprendimiento y la digitalización de muchos de los procesos laborales han derivado en la necesidad de crear espacios flexibles, económicos y colaborativos para trabajar. Dentro de este contexto, surge la tendencia que cambió el concepto más convencional de oficina: el coworking.
Este término hace referencia a un modelo de trabajo en el que profesionales de diferentes sectores comparten un mismo espacio físico para trabajar sin que pertenezcan a la misma empresa. Más allá de un simple alquiler compartido de oficina, estos centros de trabajo se han convertido en una filosofía que se basa en la colaboración, la flexibilidad, la productividad y la creación de comunidad.
Creado a principios del milenio, el coworking ha evolucionado desde unos pequeños espacios alternativos destinados a los freelancers hasta convertirse en una opción estratégica para las grandes corporaciones que buscan la agilidad y la eficiencia. Hoy en día, son miles de profesionales los que trabajan en estos espacios en todo el mundo. Desde diseñadores hasta ingenieros, pasando por abogados, consultores, desarrolladores, etc.
Los espacios de coworking funcionan bajo modelos de membresía flexibles en los que, en vez de firmar un contrato de alquiler a largo plazo, se accede mediante planes diarios, semanales o mensuales, en función de las necesidades del momento. Según el plan de elección, se puede disponer de escritorios flexibles o fijos, oficinas privadas, acceso a salas de reuniones, internet, café, cocina, impresoras, etc. Muchos de estos espacios fomentan la interacción entre sus miembros y organizan eventos de networking, formaciones, talleres y actividades colaborativas.
Opciones de coworking
Profundizar en el coworking implica entender que no todos ellos siguen el mismo modelo. Existen diversas modalidades que se adaptan a los diferentes perfiles profesionales, las necesidades del negocio y la cultura laboral. Algo que hemos comprobado in situ entrando en CN Centros de Negocio, un coworking con varios centros donde ofrecen soluciones empresariales a medida, incluyendo la posibilidad de optar por una oficina virtual. Cada profesional puede optar por el clásico espacio con escritorios compartidos o un entorno altamente especializado para el sector en el que trabaje.
Vamos a explorar los principales tipos de coworking, empezando por el tradicional. La forma más pura del concepto, que suele estar orientada a los profesionales independientes como los freelancers, los diseñadores gráficos, los redactores, los programadores, los consultores e incluso los nómadas digitales, profesionales que buscan un espacio para trabajar con comodidad sin las distracciones del hogar y el compromiso de alquilar una oficina.
Estos espacios son de uso compartido, disponen de escritorios flexibles o puestos fijos, zonas comunes, una buena conexión a internet y servicios básicos como café, cocina, lockers, sala de reuniones y, en muchos casos, eventos sociales o de formación.
Pasamos al coworking corporativo, que supone la evolución del concepto tradicional adaptado a las necesidades de las empresas medianas y grandes, en especial las que trabajan con los modelos híbridos, los equipos distribuidos o los proyectos temporales.
A diferencia del clásico, este espacio prioriza la privacidad y la seguridad, por lo que ofrece oficinas cerradas dentro del mismo entorno compartido, salas de reuniones más formales, acceso controlado, equipamiento tecnológico de nivel empresarial y soporte administrativo personalizado. Además, muchas empresas utilizan estos espacios a modo de solución estratégica: en vez de alquilar una oficina fija en cada ciudad, recurren al coworking para que sus empleados trabajen localmente con autonomía sin perder el acceso a las instalaciones profesionales.
El coworking para autónomos y startups se ha convertido en un verdadero aliado del emprendimiento. Estos profesionales representan a uno de los públicos más habituales del coworking, por lo que algunos espacios han sabido adaptar su oferta e ir más allá de lo básico. Además de escritorios, salas y servicios comunes, ofrecen recursos y programas especialmente diseñados para apoyar el crecimiento del negocio. Lo que puede incluir el acceso a mentores y asesores en áreas clave como la legal, las finanzas, el marketing o la tecnología. La participación en talleres, charlas y eventos para mejorar las habilidades y conocimientos empresariales. Conexión con las redes de inversión, incubadoras o aceleradoras para potenciar el proyecto. Así como servicios compartidos como contabilidad, diseño gráfico, consultoría o desarrollo web.
Otra opción es el coworking especializado por sector. En los últimos años ha surgido una tendencia que es la especialización sectorial del coworking, conocida como coworkings verticales, orientados a un único perfil o industria con la finalidad de generar sinergias específicas, mejorar la experiencia del usuario y ofrecer recursos adaptados. Algunos ejemplos habituales son los coworkings tecnológicos, los espacios para diseñadores o creativos, los coworkings legales o financieros, para el sector de la salud o el bienestar y los coworkings para mujeres emprendedoras.
Ventajas e inconvenientes de un coworking
Nada como conocer las ventajas y las desventajas de un coworking para saber si es la mejor opción para cada empresa o profesional. Dentro de las ventajas, cabe destacar en primer lugar que supone una reducción de los costes fijos. Esta es una de las principales razones por las que los profesionales y empresas se decantan por el coworking, ya que el ahorro de los costes fijos es indispensable en ciertas ocasiones. Mantener una oficina propia conlleva gastos que van más allá del alquiler, como el mobiliario, la limpieza, los suministros, el mantenimiento, la conexión a internet, la luz, etc. Esto es en extremo relevante para los autónomos, startups y pequeñas empresas que están empezando.
La flexibilidad total que ofrecen es otra de sus ventajas. Al contrario que una oficina tradicional de largos contratos, rígidos y difíciles de romper, los coworkings ofrecen planes que se adaptan a cada necesidad. No es solo contractual, sino también operativa, ya que están abiertos 24/7, permitiendo trabajar en aquellos horarios que mejor se adapten a cada profesional.
Fomenta el networking y la colaboración, ya que en estos espacios convergen perfiles de lo más diverso: desde diseñadores hasta emprendedores, pasando por creativos, inversores y abogados. Esta diversidad constituye un terreno fértil para las colaboraciones, las sinergias y la creación de proyectos compartidos.
El ambiente de estos centros de trabajo es profesional y motivador. Trabajar desde casa tiene sus ventajas, pero puede volverse solitario y desmotivador. Son muchos los profesionales que caen en la rutina del aislamiento, pierden estructura en su jornada o se distraen con facilidad. En los coworkings se encuentra un entorno dinámico y profesional que ayuda a mantener el foco, a separar la vida personal de la laboral y a sentirse parte de una comunidad. La presencia de otros trabajadores influye de forma positiva en el rendimiento.
A todo esto, se añade el acceso a los servicios compartidos que pueden mejorar la experiencia laboral sin tener que preocuparse por la gestión o los costes adicionales: salas de reuniones, zonas de descanso, cabinas insonorizadas, cocinas completas, recepción y gestión de paquetería.
En cuanto a las desventajas, podemos hablar de la falta de privacidad. Uno de los principales inconvenientes de estos espacios de trabajo es esa privacidad limitada que ofrecen, sobre todo en las zonas abiertas. Si el trabajo implica conversaciones sensibles, el manejo de datos confidenciales o se necesita una máxima concentración, el entorno puede resultar incómodo.
El ruido y las distracciones que se producen al convivir con otros profesionales pueden ser molestos. Las conversaciones y reuniones ajenas, el sonido del teclado o el ir y venir de los demás coworkers pueden romper la concentración.
Para aquellas organizaciones que valoran su identidad interna, trabajar en un entorno compartido puede dificultar el desarrollo de una cultura empresarial fuerte y cohesionada. La dispersión del equipo, la falta de espacios exclusivos y la convivencia con profesionales ajenos pueden diluir esa sensación de pertenencia.
Aunque el coworking es más económico que una oficina, puede convertirse en una opción cara si no se planifica su uso como es debido. Si se paga una membresía mensual completa y solo se asiste unos días al mes, se malgastan los recursos.
Por último, otro de los aspectos poco positivos es la limitación de la personalización, ya que no es posible personalizar el entorno. En una oficina propia se puede elegir la decoración, incorporar elementos, elegir los colores o la música ambiental que refuerzan la identidad. En el coworking esto no suele ser factible, aunque en algunos centros se puede optar por oficinas privadas que se pueden adaptar de forma parcial.
Con todo lo bueno y lo malo del coworking, llegado el momento de elegir esta opción para disponer de un espacio de trabajo, hay que tener en cuenta una serie de factores para hacer la elección correcta. Para garantizar que la elección es adecuada y está en línea con los objetivos, el estilo de trabajo y las necesidades, hay que tener en cuenta la ubicación, los servicios que ofrece y el tipo de comunidad del centro.
En conclusión, estos espacios han transformado la manera de trabajar y seguirán haciéndolo, evolucionando al mismo ritmo que el mundo laboral.