¿Psicólogo o psiquiatra?

Estos profesionales de la salud parecen lo mismo, pero no lo son. Ambos se encargan de la salud mental de las personas, pero cada uno de ellos desde una perspectiva y abordando los problemas de una manera diferente. Conocer a ambos profesionales y las funciones de cada uno de ellos es lo que permite saber cómo trabaja cada uno y cuándo es necesario acudir a uno o a otro.

Cuidar de la salud mental es indispensable y, afortunadamente, ya no es un tabú, por lo que dar el paso para hacerlo se considera todo un logro, aunque es habitual que surja la pregunta: ¿psicólogo o psiquiatra? Esta confusión puede hacer que la visita al profesional adecuado se demore, por lo que hay que saber de antemano a cuál hay que acudir en caso necesario.

La diferencia esencial entre un psiquiatra y un psicólogo es algo que la mayoría de las personas no conoce bien. Esta duda es muy frecuente, sobre todo cuando se pasa por un problema emocional, se sufre ansiedad o depresión o tan solo malestar psicológico. Saber a qué profesional conviene acudir en cualquiera de los supuestos va a determinar si se recibe la ayuda adecuada o se retrasa el tratamiento.

En términos generales, podemos decir que el psiquiatra se centra en el tratamiento médico y farmacológico cuando existe un trastorno mental, en tanto que un psicólogo clínico trabaja desde la evaluación y la intervención utilizando terapia. A continuación, conoceremos en qué se diferencian estos dos profesionales, los problemas que trata cada uno de ellos y cuándo hay que buscar ayuda en uno y otro. No obstante, hay que tener presente que, en muchos de los casos, la asistencia a ambos profesionales es determinante para una evolución favorable del paciente, ya que son complementarios, como veremos más adelante.

Disciplinas diferentes pero complementarias

Tanto la psicología clínica como la psiquiatría son disciplinas de la salud mental. El Dr. José A. Hernández Hernández, como psiquiatra con más de treinta años de experiencia, tiene como objetivo el abordaje simultáneo de los aspectos biológicos y psicológicos de los problemas mentales, evitando enfoques parciales, por lo que nos explica la diferencia entre ambos profesionales: la formación que reciben.

Mientras que los psiquiatras estudian medicina y se especializan en enfermedades mentales, los psicólogos estudian psicología y realizan una especialidad en salud mental. En esencia, es muy diferente, ya que la carrera de base es diferente: psicología frente a medicina, haciendo que los contenidos de su trabajo sean diferentes, aunque coincidan en algunos puntos.

La formación es diferente, como ya hemos visto, y los tratamientos también. Los psicólogos utilizan la terapia psicológica y los psiquiatras medicamentos y tratamiento médico. Los problemas que trata el primero son la ansiedad, la depresión o los bloqueos emocionales, mientras que el segundo se ocupa de trastornos de mayor gravedad o desequilibrios bioquímicos. Los psicólogos no pueden recetar medicamentos y los psiquiatras sí.

Unas diferencias bastante notables que en determinadas ocasiones se complementan a la perfección.

El psiquiatra es un profesional que cursa la carrera de medicina y, al terminar, realiza un MIR. Una vez aprobado, ingresa como médico residente en un hospital en la especialidad de psiquiatría durante cuatro años para especializarse en enfermedades mentales. Al finalizar, obtiene la titulación correspondiente como médico especialista en enfermedades mentales.

Su trabajo consiste en realizar el diagnóstico y el tratamiento de las enfermedades mentales, con un abordaje prioritario desde la parte fisiológica. Esto puede hacerse prescribiendo medicación o realizando cualquier otro tipo de intervención médica necesaria para encontrar el equilibrio en la bioquímica del cerebro y reparar o compensar la parte fisiológica deteriorada. Para ello siempre se tiene en cuenta la variable psicológica que hay que abordar para que el paciente se restablezca por completo.

Por otro lado, el psicólogo clínico cursa la carrera de psicología y, al finalizar, realiza un examen PIR para ingresar en un hospital o centro de salud mental como psicólogo interno residente, en la especialidad de psicología clínica y para especializarse en enfermedades mentales. La psicología clínica es una de las ramas de especialización, como la de recursos humanos, psicología de organizaciones, neuropsicología, etc.

Estos profesionales están especializados en la evaluación, diagnóstico y tratamiento de los problemas de índole psicológica y emocional, abordándolos con terapia psicológica y técnicas de rehabilitación cognitiva, emocional y conductual. El objetivo de estos psicólogos es ayudar a que la persona comprenda y modifique los pensamientos, las emociones y las conductas disfuncionales que le producen el malestar psicológico.

Dentro de sus funciones habituales, se encuentran la evaluación y el diagnóstico de los trastornos psicológicos y emocionales, el tratamiento de problemas como la ansiedad, la depresión, los bloqueos emocionales, la inseguridad o las dificultades para relacionarse. Además, ayuda a identificar y corregir los pensamientos erróneos o disfuncionales, entrena en técnicas de regulación emocional y autocontrol cognitivo y favorece el desarrollo de las habilidades personales, sociales y emocionales, mientras acompaña al paciente a lo largo de la consecución de los objetivos personales y terapéuticos.

El enfoque terapéutico del psicólogo se realiza a través de las técnicas y ejercicios terapéuticos dirigidos a la rehabilitación de conductas, pensamientos y emociones disfuncionales, a mejorar la autoestima y el autoconocimiento, a modificar los factores psicológicos y ambientales que mantienen el problema y a analizar el entorno social y emocional del paciente para reducir lo que favorece su malestar.

Hay que tener en cuenta que los psicólogos tienen conocimientos en psicofarmacología, pero no pueden prescribir medicación, competencia exclusiva del psiquiatra.

Enfoque y tratamiento de cada disciplina

En la práctica, cada profesional lleva a cabo un tipo de intervención, aunque en la mayoría de los casos se trata de intervenciones complementarias en las que el psicólogo trata los problemas mediante ejercicios y rehabilitación psicológica de los pensamientos, emociones y conductas, mientras que el psiquiatra se centra en reequilibrar o curar la parte biológica, mediante la prescripción de fármacos o la intervención necesaria.

Se trata de dos especialistas que tienen que entenderse, ya que la complejidad del cerebro y la conducta humana hacen que los tratamientos tengan que ser realizados en conjunto por ambos profesionales.

Uno de los grandes mitos que rodean a la psiquiatría es que siempre recetan medicamentos. Lo primero que hace es evaluar la intensidad, la duración y el impacto de los síntomas. En los cuadros más leves puede ser necesario recibir psicoterapia y tratamiento. La medicación entra en escena cuando el paciente padece un malestar tan intenso que bloquea su vida diaria y siempre se controla por parte del médico.

Acudir al psiquiatra es algo que se debe hacer cuando se sienten ataques de pánico constantes que impiden salir a la calle o acudir al trabajo; insomnio severo durante semanas en las que no se duerme más de dos o tres horas; una tristeza profunda y persistente que hace que salir de la cama resulte difícil; cambios de humor drásticos e inexplicables de un día para otro; o pensamientos que se repiten de forma descontrolada y no se pueden parar.

Cuando se buscan herramientas para manejar el estrés del día a día o la carga laboral; se quiere superar una ruptura amorosa, un divorcio o algún tipo de problema familiar; se quiere trabajar la autoestima, el crecimiento personal y las habilidades sociales; o se necesita acompañamiento para procesar un cambio, lo mejor es acudir al psicólogo.

Es frecuente creer que hay que acudir al psicólogo cuando se tiene un problema leve o moderado y, en el caso de que sea de mayor gravedad, se acude al psiquiatra. Tanto psicólogos como psiquiatras se ocupan de problemas leves, moderados y graves y, como ya hemos comentado, se complementan en una gran mayoría de casos.

La mayor parte de los problemas de salud mental se benefician de las intervenciones conjuntas de estos dos profesionales. Tener que tomar medicación no quiere decir que el problema sea más grave, tan solo significa que es necesario encontrar el equilibrio de la química del cerebro, para evitar el sufrimiento o asimilar la terapia psicológica con mayor rapidez.

En los casos como un trastorno de la personalidad, que puede ser un problema psicológico grave, se requiere una intervención psicológica a largo plazo, ya que la medicación utilizada no ha demostrado ser eficaz.

Muchos de los psicofármacos que utilizan los psiquiatras tan solo alivian los síntomas sin eliminar el problema. Lo mismo que sucede con un analgésico que alivia el dolor, pero no cura la fractura. En muchas ocasiones se necesita un tratamiento psicológico para solucionar el origen del problema y hacer que la persona entienda lo que sucede en realidad y poder rehabilitar el mal funcionamiento del cerebro. Así como en muchos casos es indispensable recurrir a la medicación para evitar que los síntomas afecten al bienestar de la persona o su entorno. Los medicamentos hacen posible que la persona tenga control sobre sus emociones o su estado de ánimo.

En definitiva, ambos profesionales tienen papeles diferentes en lo que respecta a la salud mental de las personas. En ocasiones, la combinación de ambas disciplinas es esencial y en otros casos, basta con acudir a una de ellas. Todo depende del paciente y de lo que esté pasando. Lo verdaderamente importante es buscar ayuda cuando es necesario.

 

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