Conoce más sobre la labor del auditor de estados financieros

La elección acertada de un auditor de los estados financieros no es un trámite más en la lista de obligaciones que tiene la empresa cada año. Podemos decir que es fundamental no errar en su elección para la buena marcha de la empresa. Esto es especialmente importante en las pymes y negocios familiares, donde cada euro cuenta y se deben tomar importantes decisiones.

Un ejemplo de la importancia de no fallar al contratar al auditor de estados financieros

Para ver más claro lo vital que es no tratar este tema de forma ligera, ¿qué mejor que un ejemplo que pude vivir en mi propia familia? Un tío mío regentaba una fábrica de jamones en Béjar, Salamanca: lo que hizo fue contratar a un auditor económico porque era amigo de mi hermana y así todo quedaba en casa. El resultado fue un desastre.

Se produjeron errores en los balances que en un primer momento pasaron desapercibidos. Hacienda llamó a la puerta y hubo recargos importantes, por lo que al final el negocio casi termina quebrando. No es solo que perdieran dinero; también hubo una crisis familiar debido a ello, porque se pusieron en peligro muchos años de sueños y compromiso.

Hay que tener claro que una mala auditoría no es simplemente un papel mal hecho; hablamos de que puede actuar como una ficha de dominó que puede acabar derribando tanto tu empresa como la tranquilidad o hasta tu vida entera a consecuencia de errores que se podían haber evitado.

Conociendo más sobre los estados financieros

En las pequeñas y medianas empresas o en los negocios familiares, que al final son la mayoría del tejido empresarial en nuestro país, los estados financieros son realmente el mapa que deja clara la realidad en el apartado económico. Cuando se hace una auditoría experta, lo que se busca es verificar que los datos de ingresos, gastos y deudas reflejen la verdad y que estén de acuerdo con las normas existentes.

Si se elige mal, por motivos económicos (auditores que son más baratos), por recomendaciones no contrastadas debidamente o por no investigar lo suficiente, las consecuencias terminan siendo brutales.

El golpe a nivel económico puede ser grave

Un auditor, cuando es incompetente o tiene ciertos despistes, lo que ocurre es que termina por dejar pasar algunos errores contables. Este tipo de equivocaciones puede ir desde facturas duplicadas hasta provisiones que se calculan mal o inventarios inflados.

Un compañero mío tiene una tienda de ropa en Zaragoza y el auditor no detectó un fraude interno de un trabajador que lo que hacía era desviar stock. El resultado fue pérdidas por valor de 35.000 euros ocultas en los balances en dos años. Cuando tomaron la decisión de pedir un préstamo para ampliar el negocio, el banco pudo ver las cuentas y no accedió a la concesión del mismo. Si no hay auditoría fiable, los negocios se pueden despedir de la financiación, por lo que no hay créditos ICO, ni acceso a determinadas subvenciones, ni tampoco hay más inversores.

Existen estudios en países como Suiza que han mostrado que la relajación a la hora de realizar las auditorías en las pymes tiene relación directa con que aumenten las quiebras. Los negocios familiares pueden hundirse por balances falsos que acaben por asustar a los bancos y mermar la confianza de tu negocio.

El dinero se puede recuperar; otra cosa es la confianza

Como decimos, la confianza es importante y una mala auditoría, como nos confirman los expertos de Crowe puede erosionar de manera importante las relaciones existentes con proveedores, clientes o socios. Piensa en que tu negocio firma un gran contrato con un supermercado. Todo ello supone una gran alegría, pero ellos piden cuentas debidamente auditadas. Si lo que ocurre es que las tuyas tienen determinadas sombras no aclaradas y que fueron detectadas tardíamente por un auditor, es posible que te veten. Si esto ocurre en negocios familiares, aparece la desconfianza entre miembros de la familia.

Esto pude verlo en una noticia del periódico de una quesería manchega, donde unos primos pelearon por una serie de discrepancias en unos balances que no fueron bien auditados: uno de ellos acusó al otro de estar robando fondos. Todo ello acabó en juicio, de tal forma que acabó por vender la finca y la empresa. Se pueden producir determinados fraudes y corrupción: hablamos de apropiaciones indebidas, mezclas de cuentas personales con empresariales, algo que sucede en muchas familias.

Cuando no hay auditor independiente, el riesgo de que se produzcan delitos fiscales o lavado de fondos se puede multiplicar, con una serie de multas que pueden dejarte en la ruina.

Las consecuencias en la salud y la calidad de vida de las personas

No hacer bien las cosas tiene efectos negativos en la vida de quienes llevan las empresas o en los trabajadores. Si se dirige una pyme o negocio familiar, hay que lidiar con proveedores que pueden fallar, empleados que demandan subidas y hasta factores que pueden influir de manera importante, como por ejemplo la competencia asiática en muchos sectores. Si se producen problemas económicos, se suceden los litigios, sanciones y con ello las úlceras, hasta el punto de que hay socios empresarios que acaban separándose por desencuentros diarios. Aparecen patologías como el estrés crónico, la ansiedad, la depresión o los infartos.

En las empresas familiares, no hay que olvidar que el dueño suele ser el pilar de las emociones, por lo que una crisis financiera debido a una auditoría mala puede acabar fracturando todo, desde hijos que no quieren heredar los líos financieros o cónyuges que se hartan de la situación. La vulnerabilidad a las crisis económicas puede dispararse cuando los controles no son sólidos.

La razón por la que las pymes y las empresas familiares lo pasan peor son los recursos limitados. Al no tener controladores internos ni software a la última, algunas de ellas dependen de contables freelance o de un auditor externo en el que se elige mal por ahorrar.

¿Cómo se pueden evitar estos desastres en las auditorías?

Lo mejor es elegir con cabeza. Es bueno emplear más tiempo y buscar empresas que tengan buena reputación, informes públicos anuales, hablar con clientes parecidos y pedir referencias. Otra buena opción es preguntarles qué detectaron en las empresas con las que trabajaron, verificar su independencia (que no hayan auditado a empresas de tu competencia) y, como no, que tengan experiencia en el sector al que te dedicas. El presupuesto que te entreguen deberá ser claro. No hablamos de que tenga que ser el más económico, sino el que añada más valor con sus recomendaciones.

Debes hacer auditorías voluntarias periódicas, en las que se detecten fallos tempranos y en las que mejoren los controles internos. Los beneficios pueden ser una mayor transparencia para los socios, confianza en los bancos o un ahorro importante en multas.

Un auditor bueno es oro

Los auditores de calidad son muy demandados, puesto que pueden ayudar a detectar ineficiencias en el plano fiscal, ayudar a la concesión de préstamos, prevenir quiebras, otorgar credibilidad y alinear la visión familiar con números reales.

Así que tenlo claro: si estás luchando por tu empresa y quieres contar con la tranquilidad de un trabajo bien hecho, lo que debes hacer es escoger bien. Para ello tienes que investigar, preguntar e invertir en calidad. Al final, los estados financieros no son solo papeles, son tu futuro, salud y también tu familia. No solo hay que actuar cuando se producen las crisis, hay que actuar.

Desde aquí te animamos a tomar cartas en el asunto y no actuar de forma precipitada u obligada; mejor prevenir que curar, ¿no?

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